domingo, 14 de julio de 2013

Violencia contra las mujeres: epidemia mundial


La violencia física o sexual afecta a una de cada tres mujeres en el mundo. Los datos acaban de ser publicados por un informe de la Organización Mundial de la Salud y muestran una triste imagen de la vida que llevamos como sociedades enfermas por el uso de la violencia de forma cotidiana. Así, un tercio de las mujeres del mundo es víctima de violencia por parte de sus de sus parejas, maridos o convivientes. Y 38% de todas las mujeres víctimas de homicidio fueron ultimadas por sus parejas.

La gravedad del problema demuestra que ya no se puede asumir como un problema cultural o de formas de relacionamiento, la crisis es evidente e impacta la vida de la sociedad en su conjunto. Múltiples son los estudios que muestran que los hijos de madres que son golpeadas por sus parejas, terminan siendo violentos o aceptando la violencia como forma de relación. No sólo eso, la investigación académica ha demostrado también que las mujeres víctimas de violencia en la mayoría de casos desarrollan importantes problemas de salud mental que van desde la depresión hasta otras patologías.  Nuevamente impactando en la calidad de vida del hogar, en la forma como se enfrenta la violencia y en los modos de relación intrafamiliar.

La información para América Latina no es más alentadora; los niveles de violencia contra el sexo femenino es igual al promedio mundial, con 30% de las mujeres víctimas de violencia. Por muchos años se asumió que la violencia al interior del hogar era una “cruz con la que se debía avanzar” debido a la necesidad de mantener la familia, perpetuar las relaciones de pareja o mantener el status quo.  Si bien las nuevas generaciones han traído formas distintas de convivencia, no sorprende que aún sea la violencia lo que marca en muchas casas la cotidianidad.

Al revisar los datos sobre alcoholismo, enfermedades de transmisión sexual y abortos, aparece la variable “violencia” al interior del hogar como un elemento a ser estudiado. El reporte es claro: las mujeres víctimas presentan mayores niveles de estos problemas en todo el mundo. Otros estudios han demostrado también el costo económico de estas situaciones, las que traen menores niveles de rendimiento entre las mujeres víctimas (y muchas veces sus hijos) en el trabajo y la escuela, impactando en los procesos de desarrollo social e individual de muchos países.

Reconocer el problema y su magnitud es el primer paso para avanzar en soluciones de largo plazo y transversales para la sociedad. Porque si hay algo que también nos dicen los estudios es que las víctimas están en la sociedad en su conjunto sin discriminar por edad o nivel socioeconómico. Los datos muestran que en los países de alto nivel de ingreso las mujeres víctimas fueron 23%, mientras que en Africa 36% y en las Américas 29%.  ¿Qué hacer? No tolerar la violencia es cuidar a nuestras hijas. No tolerar la violencia es pensar en un futuro mejor para la mitad de la población del mundo que se merece reconocimiento y mejor trato. Pero en el corto plazo debemos avanzar con mejores sistemas de atención para las mujeres abusadas y golpeadas. En muchos países, médicos y enfermeras no están preparados para apoyar a una víctima de violencia familiar; en demasiados casos esta falta de capacitación aumenta el riesgo y pone en evidencia a la víctima frente a su posible victimario. 

Definir una red de apoyo clara para prevenir, controlar y enfrentar la violencia contra las mujeres se convierte en una tarea urgente. En muchos de nuestros países, donde el sector médico así como el de justicia criminal está dirigido principalmente por hombres, se debe avanzar en políticas de reconocimiento del problema y en educación para la proactividad.  La red de apoyo, sin duda, debe estar conformada por una totalidad de mujeres que respondemos frente a la violencia que pueden estar sufriendo otras mujeres. Ya no hay cruz que cargar ni abuso que aguantar; en una sociedad que busca la integración, la igualdad y la participación la violencia contra la mujer se convierte en una cuestión social de primer orden.

Muchos países han hecho esfuerzos relevantes en esta materia, pero aún no es suficiente. Desde todos los ámbitos se requiere potenciar las capacidades para resolver conflictos de forma pacífica, para limitar niveles de frustración cotidiana, para saber conversar en paz. Un área donde la sinergia público-privada puede traer muchos beneficios, un espacio donde la responsabilidad social corporativa puede aportar en el diseño e implementación de programas de apoyo, de asesoría, de salud y de capacitación para evitar la violencia y en los casos donde está presente saber denunciarla y desarrollar capacidades para no repetirla.

Finalmente, si un tercio de las mujeres del mundo es víctima de violencia por parte de la pareja, es evidente que un porcentaje importante de hombres requiere de tratamiento, educación y castigo por hechos que no son tolerables.  Debatir, discutir y, sobre todo, reconocer la transferencia generacional de estas actitudes es clave para demostrar que finalmente cuando le pegas a tu mujer, también le pegas a tu madre, a tu hija y a tu nieta.

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